El gobierno se niega a autorizar la apertura de canales humanitarios para atender las emergencias de alimentos y medicinas. La postura del régimen quedó evidenciada en las palabras del ministro de la Salud, Luis López: “…Aquí nadie se arrodilla ante el imperio y mucho menos va a permitir que esta derecha imponga una supuesta ayuda humanitaria cuando nuestro pueblo está siendo atendido por el presidente Nicolás Maduro”.

El ministro seguía así a la narrativa del gobierno que coloca el problema en un contexto de “amenaza intervencionista”, que debe responderse desde una lógica bélica, expresando el creciente militarismo que viene extendiendo su control sobre todas las áreas de la vida del país. También la postura hipócrita de un gobierno que ha usado el envío de ayuda a otras naciones como herramienta de propaganda y que busca negar la gravísima realidad de la emergencia en su propio territorio al describirla como una situación anómala que están siendo enfrentada exitosamente por sus funcionarios y políticas.

Pero la realidad que viven los venezolanos, y que se ha recrudecido de manera acelerada en los últimos meses, no puede ser ya ocultada con la omnipresente propaganda oficial. A las políticas gubernamentales, empobrecedoras y destructivas, al desabastecimiento y la escasez, se suma ahora una gravísima crisis económica (también impulsada por régimen), con un cuadro hiperinflacionario que dificulta aún más el acceso a alimentos y medicinas.

Por un lado, los estragos que la desnutrición está causando en la población y sobre todo en los niños, son comparables a los que se viven en catástrofes naturales o en conflictos bélicos. Se ha cobrado un gran número de vidas y condicionado negativamente el desarrollo y las capacidades de toda una generación. Por otra parte, la crisis de salud afecta los tratamientos de enfermedades crónicas y comunes; los servicios médicos, tanto públicos como privados, están seriamente disminuidos o inoperantes.

La negativa del régimen de Nicolás Maduro a reconocer la crisis humanitaria que está devastando al país, se debe sin duda a que cuestiona de forma indiscutible su modelo de gobierno y los planes y políticas que este implementa. Reconocerla significa desmentir resultados y revelar los efectos destructivos que estas políticas tienen en la vida de los venezolanos y el desarrollo del país, planteando también serios cuestionamientos desde un punto de vista ético y moral.

Tanto los CLAPs, como el sistema de Carnet de la Patria, por poner dos de sus programas más reconocidos, resultan ineficientes y se aplican con criterios de exclusión, estableciendo un sistema de control social en la adjudicación de alimentos y servicios sociales. Estos sistemas generan redes de corrupción y fomentan relaciones clientelares, de sometimiento y de dependencia entre Estado y sociedad. En eventos electorales han sido utilizados para condicionar el voto a favor del partido oficialista y, por ejemplo, se han hecho denuncias sobre la exigencia de presentar el Carnet de la Patria para recibir vacunas o abrir cuentas en bancos del Estado. Por otro lado, el reconocimiento de la crisis también visibilizaría el control que una parte del sector militar tiene sobre la distribución y venta de alimentos y medicinas y que, al contrario de asegurar el abastecimiento o la estabilidad de los precios, se ha convertido en una fuente de negocios turbios y operaciones ilícitas.

La inclusión de la apertura de canales de ayuda humanitaria en las negociaciones que se llevan a cabo entre el régimen y el país democrático representa un gesto de suma importancia. Evidencia la tragedia diaria que afecta de una manera u otra a todos los venezolanos y denuncia la capacidad de empobrecimiento y destrucción del actual modelo de gobierno. La emergencia humanitaria es una clara señal de la gravedad y magnitud de la crisis venezolana, sobre la que debemos tomar conciencia ya que requiere el involucramiento y la participación de todos los sectores del país para poder ser superada, empezando por el gobierno y el Estado.

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