En diversos foros públicos y en redes sociales he podido leer discusiones en las que se tiende a igualar planes del gobierno con iniciativas de organizaciones religiosas, humanitarias o que realizan trabajo social. En algunos casos me ha tocado directamente, cuando Alimenta la Solidaridad, el programa de alimentación que llevamos a cabo junto con diversas comunidades del Municipio Libertador se ha comparado con los CLAP, por ejemplo.

La discusión es pertinente para hablar sobre temas de empoderamiento, organización y participación social, solidaridad y convivencia, que han sido tergiversados o desprestigiados por el régimen. Por una parte usa estos conceptos de manera hipócrita, como exclusivos a su ideología y grupo político en su discurso y propaganda. Pero por otra, los criminaliza y desacredita cuando surgen de iniciativas independientes, atribuyéndolos a intereses ocultos de grupos malintencionados.

Alimenta la solidaridad, por ejemplo, es un plan que busca el empoderamiento local organizando comedores que lleven almuerzos diarios a niños en situación de vulnerabilidad. Su organización y funcionamiento es el resultado del trabajo conjunto de miembros de la comunidad, voluntariado y organizaciones. Participan como beneficiarios y benefactores individuos y grupos de distintos sectores de la sociedad, con diversas preferencias políticas.

Por el contrario, los CLAP son un mecanismo de control y presión social, dirigido a los sectores más vulnerables de la población, que se aprovecha de la crisis alimentaria. Condiciona la distribución y entrega de alimentos buscando una mayor dependencia del Estado y gobierno, así como de grupos asociados a estos. Esto se ha visto claramente en el uso de los CLAP como herramienta de chantaje y manipulación en los últimos eventos electorales y en testimonios que han denunciado discriminación o sectarismo político en sus criterios de implementación.

Organizarse localmente para resolver problemas que nos afectan, participar en iniciativas en pro del bien común, promover valores humanistas de solidaridad y convivencia, es muy diferente a condicionar ayuda y explotar las necesidades del otro para forzar lealtades e imponer obediencias. Sobre todo desde el gobierno y Estado, cuya labor de servicio debe responder a todos los ciudadanos de forma objetiva y justa.

Debemos reflexionar sobre esto con profundidad, sobre todo en el actual contexto de crisis y dictadura en las que la organización social y la participación tendrán un papel fundamental para la superación de las enormes dificultades que afrontamos.