Luego de las elecciones regionales se ha recrudecido la crisis del país. En Caracas se produce un aumento entre 700 y 1150 Bs. del transporte público. Aunque insuficiente para satisfacer las necesidades del sector (mantenimiento, repuestos, salarios) supone otro duro golpe para la economía de las personas, todo esto en medio de la escasez de efectivo y un aumento gigantesco de la inflación. Inflación que en solo semanas, ha generado aumentos de hasta el 200% en rubros alimenticios básicos. Una situación que empeorará hacia noviembre y diciembre con el nuevo aumento de salario (el quinto en este año) anunciado por el ejecutivo.

La profundización de la crisis corre en paralelo al afianzamiento del régimen, que la fomenta y aprovecha. Así, mantiene a cada vez más sectores vulnerables de la población en dependencia del Estado e implementa sistemas de control, exclusión y represión para sostener su modelo empobrecedor y destructivo. Planes como los CLAP, por ejemplo, que condicionan la distribución de alimentos como mecanismo de manipulación y presión social y constituye una fuente de corrupción que beneficia a grupos afines al régimen.

Este modelo de poder ha terminado pervirtiendo los canales de expresión popular del voto. Lo que hemos visto tanto en la farsa constituyente como en los comicios regionales es a un régimen que no ha dudado en chantajear al pueblo con la entrega de alimentos y mínimos beneficios, que persigue y criminaliza a la disidencia, y que desconoce a la mayoría del país que lo rechaza. Esto al tiempo que implanta un sistema electoral fraudulento, de gran complejidad y proporciones, articulado a través de un CNE abiertamente parcializado.

El gravísimo contexto que vivimos exige un proceso de reconocimiento, reflexión y cambio del frente opositor para poder superarlo. La respuesta ante el megafraude de las regionales y la polémica de la juramentación de gobernadores opositores frente a la ilegitima Asamblea Constituyente, ha generado una discusión pública sobre la estructura, estrategias y vías del frente político opositor para lograr la salida del régimen, así como el cuestionamiento de algunos líderes y organizaciones. Esta situación ha sido aprovechada por el régimen para dividir y desacreditar la disidencia, y desmerecer el esfuerzo en materia de protestas masivas y denuncia internacional, producidos con el enorme sacrificio de la colectividad y la dirigencia democráticas en este año. Pero también ha visibilizado las exigencias y necesidades de cambio que la alternativa democrática debe abordar frente a un régimen que se ha asumido como plenamente dictatorial, que promueve la crisis y que ha comprometido las vías de solución pacífica como las electorales.

Una reconfiguración del frente opositor debe generarse a partir del reconocimiento de esta realidad. Es necesaria una unificación de criterios que se materialice en la implementación de estrategias y acciones coordinadas. Maximizar la capacidad de repuesta en diversos ámbitos de la lucha política y la articulación efectiva con el resto de los sectores de la sociedad. Recordemos logros como la consulta del 16–J, que se produjo con unidad de criterios, suma de esfuerzos, y la participación de diversos sectores del país.

La coyuntura de crisis exige nuevas formas de activismo político que promuevan la organización social. Organización para atender las causas de gravísimos problemas como los de alimentación, violencia o salud, y organización para construir una base que involucre de forma real y activa a las diversas fuerzas sociales. El liderazgo político debe asumir el proceso de cambios con conciencia y autocritica, movilizando a la sociedad, y reconociendo esfuerzos e iniciativas que señalen las vías hacia esas nuevas formas de activismo y organización.

Esto puede verse en la actuación de Juan Pablo Guanipa en Zulia, rechazando juramentarse ante la Asamblea Constituyente y en la lucha que Andrés Velázquez en el estado Bolívar. O en las movilizaciones multitudinarias que se llevaron a cabo entre abril y agosto de este año, en las que se visibilizaron nuevas formas de protesta, se sumaron sectores de la población anteriormente no asociados a la oposición y se mostraron nuevas caras en la dirigencia política de diversos partidos y organizaciones. También en el trabajo de movimientos y grupos de activismo social, que promueven el empoderamiento local y la partición organizada, generando conciencia política y estructuras de movilización.

El cambio es prioritario. Venezuela está siendo sometida por un régimen dictatorial que fomenta y estimula la crisis, produciendo nuevas formas de control y opresión. Tanto el liderazgo político como las diversas fuerzas del país, deben hacer las transformaciones que sean necesarias para poder detenerlo y lograr las condiciones para superarlo.

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