Comenzamos este año agredidos por nuevas acciones del régimen madurista. Desde el irracional (y fallido) retiro de billetes de cien, hasta la escalada represiva que se inicia con la instauración del Comando Nacional Anti Golpe, presidido por Tarek El Aissami, y que ya ha comenzado una razzia de detenciones irregulares e ilegales, como las del diputado Gilber Caro.

El actual régimen de Nicolás Maduro constituye el gobierno más irresponsable en la historia de nuestro país. Vivimos en medio de una crisis sin precedentes, producto, entre otras cosas, de políticas erradas, acciones nocivas y la negativa de cambiar el modelo económico, viciado e improductivo.

El régimen niega todos los días las consecuencias desastrosas y empobrecedoras de sus actos, culpa a todos menos a sí mismo de la situación, evade y desconoce los problemas que causa y estimula. Ha cerrado los caminos constitucionales y utilizado el aparato del Estado con el único fin de mantenerse en el poder, destruyendo a la democracia en detrimento de las necesidades del país.

La titánica tarea de afrontar la emergencia nacional, recuperar los espacios democráticos y generar los cambios que nos permitan conjurar la crisis, nos exige asumir la responsabilidad de organizarnos y participar activamente, en formas novedosas y diversas, desde lo local y lo inmediato. No sólo en la organización política sino en lo social y lo comunitario.

Nuestro reclamo a las fuerzas políticas que se oponen al régimen madurista debe ser el de repensar la práctica política con y desde la gente. Estimular y apoyar a los liderazgos locales para la construcción de un frente nacional, con la capacidad de articularse para responder a las emergencias de lo inmediato y cohesionarse de cara a las exigencias nacionales de la recuperación democrática y la salida a la crisis.

Nuestra experiencia en el municipio Libertador, así como las de muchas otras organizaciones que están haciendo vida en el país, nos demuestran no sólo la efectividad y validez de esta vía, sino lo necesidad de asumirla y replicarla de inmediato.

En la realización de Convivencia 2016, en la Hacienda La Vega el pasado 27 de noviembre, no sólo nos reunimos a celebrar los logros que, junto a las comunidades, se alcanzaron en distintos barrios del municipio Libertador. También compartimos las historias de 11 líderes de diversos sectores de Caracas. Personas que en muchos casos habían sufrido dolorosas perdidas personales y las habían afrontado, apostando a lo mejor de sí mismos, logrando superarse, convirtiéndose en agentes de cambio en su entorno.

En el relato de estas diversas vivencias hay una elemento común: La decisión de estas personas de tomar responsabilidad sobre sus vidas como primer paso para emprender el camino, complejo, arduo, pero necesario y vital, hacia el cambio y la transformación positiva de su realidad.

Los testimonios de los líderes Elizabeth Tarrio y Abraham Viera son ejemplos de esto. Elizabeth perdió a su hijo en un acto de violencia en el que estuvo implicado un efectivo de la GN y uno de los hermanos de Abraham fue asesinado por criminales. Elizabeth se sobrepuso a la pérdida desarrollando su vocación de trabajo social, asesorando a jóvenes en situación de riesgo y recuperando espacios para la comunidad en Cotiza. Abraham rechazó conscientemente la oportunidad de vengar la muerte de su hermano, negándose a continuar el ciclo de violencia. Asumió el liderazgo de su familia, apoyando a su madre y actualmente es miembro activo de un equipo de vecinos que realiza actividades y recupera espacios en el sector de El Polvorín, en La Pastora.

Los casos de Elizabeth y Abraham nos hablan de la responsabilidad en varios niveles. La responsabilidad para con nosotros mismos, ya sea reconociendo nuestros fallos o debilidades de carácter o no cediendo ante impulsos que, aunque justificados, pueden ser nocivos y perjudiciales. La responsabilidad hacia quienes nos rodean, de prestar nuestra experiencia y apoyo, en acciones que tengan un impacto positivo en la vida del otro. La responsabilidad de concientizar las consecuencias de nuestras acciones (o de nuestra inacción) y reconocer el efecto que podemos tener en nuestra realidad inmediata.

Al igual que Elizabeth y Abraham, debemos sobreponernos al miedo, el desánimo y la desesperanza, apelar a lo mejor de nosotros y enfrentarnos al actual estado nocivo de las cosas para transformarlo y producir los cambios necesarios. La representación de partidos y agrupaciones políticas que se oponen al régimen deben apoyar y ayudar a organizar a la colectividad en esta tarea. No es tiempo de indiferencia ni de egoísmos estériles. Se trata de nuestras vidas, la de nuestros seres queridos y de nuestros allegados y del futuro que queremos para estos.

Esa es nuestra responsabilidad.

Roberto Patiño