Una de las grandes dificultades que afrontamos en Venezuela es la de falta de confianza y credibilidad. Ha aumentado de manera significativa en los últimos años, promovida principalmente por el gobierno, que ha manipulado diferencias y problemas sociales de forma irresponsable y sectaria. Para imponer formas de control y servilismo ha bloqueado canales democráticos de resolución y entendimiento, al tiempo que criminaliza y deslegitima a quienes lo cuestionan y adversan. Nuestra sociedad busca recomponerse frente a esta fragmentación. Son reveladores, en distintos estudios de opinión, las percepciones negativas del entorno país, hostil, amenazante, de sospecha y suspicacia frente a los motivos del otro, en contraste con una clara necesidad, y voluntad, de apoyo, solidaridad y unión entre las personas.

Esto también se aplica a la desesperanza e impotencia que invade a muchos frente a la realidad actual. La falta de esperanza habla de la escasa confianza que no solo con el país, sino también consigo mismos. Una visión negativa de las capacidades, propias y ajenas, para sobreponerse, mejorar o alcanzar logros significativos. En este contexto es muy difícil establecer vínculos reales y necesarios, que permitan organizarse para generar cambios en la realidad.

Es nuestra creencia que un primer paso para afrontar la crisis y dar soluciones a los graves problemas de la Venezuela actual pasa por la organización local y la generación de nuevas formas de participación. El establecimiento de la confianza y la credibilidad es indispensable para ello, tanto de una persona con otra como como de la persona consigo misma.

Un aspecto muy negativo del legado de Hugo Chávez fue la explotación de diferencias entre los venezolanos para generar situaciones extremas de polarización política. El discurso violento y la criminalización de los opuestos, el manejo belicista de procesos democráticos y la separación en bandos irreconciliables del país, profundizaron un proceso de desconfianza, entre distintos sectores de la sociedad, que venía desarrollándose en Venezuela.

El régimen madurista ha llevado esto a los extremos, cerrando vías democráticas y constitucionales, estableciendo la persecución política, inventando complots y enemigos inexistentes y llevando a cabo acciones abiertamente sectarias, como los CLAPs o el carnet de la patria, que buscan someter y segregar a los venezolanos. Es un gobierno inmensamente impopular, cuyas políticas influyen negativamente en nuestras vidas. Figuras prominentes en importantes cargos son notablemente cuestionados. Por ejemplo el vicepresidente El Aissami, con acusaciones de vinculación al narcotráfico por organismos internacionales y el actual presidente del TSJ, Maikel Moreno, indiciado en procesos por homicidio como funcionario en la antigua DISIP. El régimen estimula y aprovecha esta situación de grave desconfianza y falta de credibilidad, que genera amenaza e inestabilidad, para mantenerse, convirtiéndose en un factor determinante para imposibilitar una unión efectiva entre los venezolanos que permita abordar la crisis y dar solución a la grave emergencia del país.

Es necesario promover la transparencia, el establecimiento de objetivos comunes, el asumir responsabilidades, el reconocimiento del otro y la obtención de logros palpables. Estas son condiciones indispensables para restablecer la credibilidad y la confianza entre nosotros y reconstruir la convivencia.

Una expresión de esto lo vivimos en días pasados en la localidad El Carmen de la Vega cuando unas jornadas de atención médica y legal en el colegio Fuenmayor de la zona, fueron canceladas el día anterior por funcionarios del Ministerio de Educación. Alegaron que la actividad, organizada entre nosotros y la comunidad, era de “escuálidos” y no podía realizarse en el plantel. Pero esto no detuvo a las personas. Esa misma noche, junto con los habitantes de El Carmen y maestros del Fuenmayor, nos reunimos para buscar maneras de “salvar” la actividad. Se decidió usar las casas de la misma gente del barrio para realizar las consultas. Las jornadas se llevaron a cabo al día siguiente en los hogares del callejón de La Trinidad, beneficiando a unas 65 personas de El Carmen.

Este alivio a la crisis fue un logro indiscutible, alcanzado en conjunto, producto de un trabajo de establecimiento de relaciones reales y de valorización del esfuerzo de las personas. Todos los involucrados, tanto los habitantes de El Carmen, los médicos voluntarios de la UCV, la Clínica Jurídica UCAB, así como nosotros, apostaron en sí mismos y por quienes los acompañaban.

Lo sucedido en el Carmen es un ejemplo de la capacidad, individual y colectiva, que tenemos para transformar la realidad y de la importancia de restablecer la confianza entre, y en, nosotros para lograrlo.