La crisis producida por el modelo dictatorial del actual régimen se ha agudizado hasta llegar a un cuadro de colapso y caos en todo el país. Cuadro de enorme gravedad que alcanza todas las instancias sociales, degenerando en una parálisis nacional.

No es una figura metafórica. Se está produciendo una tormenta perfecta en la que confluyen el colapso de servicios básicos (agua, electricidad, gas, seguridad pública, salud, comunicaciones), una severa crisis económica (hiperinflación, escasez de efectivo, insuficiencia de los salarios, destrucción del sector privado), una crisis humanitaria sin parangón en la historia contemporánea de Venezuela (con aumento en los índices de mortandad por hambre y falta de servicios médicos a niveles de catástrofe natural o guerra) y la desarticulación de la estructura del Estado, cuyas instituciones sencillamente son inoperantes e inefectivas y se han convertido en apéndices del poder, de espaldas a sus responsabilidades para con la sociedad y las personas.

A este gravísimo contexto se le agrega el terrible problema que significaba la pérdida de capital humano: profesionales y recién graduados emigran del país buscando mejores condiciones de vida, al igual que miles de venezolanos pertenecientes a los sectores más vulnerables. A la par, crecen los índices de abandono en niveles educativos básicos y universitarios. Se pierde así una parte sustancial de la fuerza laboral productiva: a una infraestructura golpeada y atribulada, se le suma la escasez de personal apto o capacitado.

Estos factores precipitan un estado de parálisis, al sucederse de manera simultánea sacudiendo nuestra cotidianidad. Personas que no pueden ir a sus lugares de trabajo porque no tienen efectivo para pagar el transporte o si lo tienen no hay unidades disponibles debido al problema de los repuestos. Centros de salud que sencillamente no cuentan con los recursos mínimos y el personal para atender a los pacientes. Familias que pierden la poca comida que pueden conseguir porque son afectadas por cortes de luz que los dejan sin neveras para preservar alimentos o no tienen gas para cocinarlos.

Se genera un ánimo general de desasosiego, impotencia y de inmovilidad ante la escala y complejidad de una crisis que nos afecta a todos y contra la cual no pareciese haber formas reales y efectivas de respuesta.

Pero frente a esta terrible situación debemos reconocer, con fuerza y conciencia, que si se están produciendo esas respuestas.

Surgen desde el hacer y actuar, por la misma sociedad, golpeada y sitiada por el régimen. Se manifiestan tanto en movilizaciones de grupos y sectores como en el ejemplo de personas e individuos.

Sólo entre enero y febrero de este año (según datos del OVCS), se han producido 1.308 protestas principalmente por falta de comida, medicamentos y servicios básicos. A esto se agregan las movilizaciones de comunidades, gremios y sectores productivos y asistenciales exigiendo mejores condiciones de trabajo y cambios de políticas gubernamentales para solventar los problemas de sus respectivos ámbitos.

Estas protestas se suceden a pesar de las amenazas y peligros ciertos de la represión oficial, buscando cohesionar y generar solidaridad no solo para visibilizar el profundo y evidente rechazo al gobierno, sino también para lograr verdaderas condiciones de cambio frente a problemas y necesidades comunes.

Esta es la misma actitud presente en personas como Yasiri, vecina de La Vega. Al frente del comedor de Alimenta la Solidaridad de su sector, afirma con contundencia que es venezolana, madre y trabaja para el beneficio de sus hijos y los niños de su comunidad. Y su afirmación se sustenta en el trabajo diario que tanto ella, como otras tantas madres del programa, realizan diariamente, sobreponiéndose a las dificultades de la crisis, realizando acciones individuales que tienen una repercusión positiva en su entorno inmediato y sirven de ejemplo en otras comunidades.

Reconocer estos logros, heroicos dentro del actual estado de las cosas, significa también valorizarlos para hacerlos parte significativa de movimientos que, como el Frente Amplio Venezuela Libre, se están produciendo con los objetivos de articular a los diversos actores sociales en rechazo a la dictadura y en busca de formas de superación de la crisis.

Esta fuerza de hacer y actuar, expresada y generada desde las bases populares, debe mover a liderazgos políticos y sociales. Representa vías válidas de resistencia al régimen y señala formas para contrarrestar la parálisis nacional con la que este pretende someter y desintegrar al país.