Cuando hablamos de “resistencia” no usamos el término como un recurso expresivo o un ardid comunicacional. No es un hashtag para posicionar en las redes. Se trata de una condición de lucha, riesgo y enorme sacrificio que toda Venezuela está asumiendo frente al gobierno autoritario. Un gobierno que le ha declarado la guerra a todo un país que lo repudia.

Este lunes 5 de junio el régimen lanzó ataques a tempranas horas de la mañana sobre manifestantes pacíficos que realizaron un plantón en zonas de Caracas. Los componentes de la GN no solo reprimieron con saña sino que robaron carteras, celulares y zapatos a manifestantes, vandalizando también cámaras y equipos de periodistas. Actuaciones que no respondieron a las de un cuerpo al servicio público sino a las de un grupo criminal o un escuadrón de la muerte. A unos malandros y una dictadura.

Estos lamentables hechos también demostraron un cambio que ya se está sucediendo en todo el país. Se mostró a una población que salió a exigir democracia enfrentando el miedo y la violencia con coraje y determinación.

Salir a la calle a manifestarse o expresarse públicamente en contra del régimen son acciones que en estos momentos atentan contra nuestra seguridad personal y suponen un riesgo cierto a sufrir agresiones, ser detenido o incluso perder la vida. Y estas acciones están siendo llevadas a cabo por estudiantes, amas de casa, profesionales, miembros de las comunidades y urbanizaciones, líderes políticos y un amplio y diverso etcétera. Todas estas “Venezuelas” coinciden en su rechazo a un sistema dictatorial y de sometimiento. Estamos enfrentando el miedo y el peligro conscientes de que no podemos ceder a la alternativa de un futuro de más sufrimiento, injusticia y humillación que garantiza el régimen.

Esta convicción no solo está presente en quienes manifiestan activamente, sino en el resto de la sociedad que de una manera u otra apoya la protesta. Se rechaza al discurso gubernamental que pretende criminalizar a los manifestantes, así como se mantiene una actitud receptiva y de apoyo a la misma. Hay reconocimiento de la validez del reclamo popular en medio de la dificilísima situación económica y social que estamos atravesando. Los venezolanos hemos desnudado al gobierno de Maduro en su verdadera condición de dictadura cruel y violenta. Y hemos decidido resistir para enfrentarlo.

Entramos ahora en una nueva etapa de este proceso de desarrollo de la resistencia, en la que la protesta se diversifica y descentraliza. Los diferentes sectores sociales deben sumar a las manifestaciones multitudinarias nuevas formas de reclamo, que consideren la violencia represiva del régimen sin reproducirla y que sumen la participación activa de más grupos y personas. En este sentido creemos que las próximas actividades de calle deben implementar estrategias simultáneas de grandes concentraciones en espacios públicos y protestas a menor escala en comunidades: de esta manera podemos reducir la efectividad de las acciones represivas del régimen y multiplicar los focos de manifestación.

La conformación de este movimiento de resistencia ha significado un enorme sacrificio para los venezolanos. Pero este doloroso esfuerzo no ha sido en vano. En casi setenta días se han producido más de 1790 manifestaciones en todo el país. Cientos de miles de venezolanos se han mantenido en las calles. Hemos ido construyendo una resistencia civil contra una maquinaria de represión y violencia. Esto ha significado un freno a Maduro, forzándolo a activar una constituyente fraudulenta y escalar la represión, contra la inmensa mayoría que viene consolidándose y articulándose entre sí para enfrentarlo.

Este es un logro indiscutible en medio de estos terribles días: los venezolanos hemos evidenciado la tiranía del actual gobierno y lo hemos desenmascarado frente al mundo. Y nos estamos sumando en las calles del país, defendiendo nuestro futuro y resistiendo el régimen para detenerlo.