Son muchas las situaciones y experiencias que conmueven a los venezolanos en la convulsionada realidad de estos tiempos de crisis. Graves emergencias como la alimentaria y la de inseguridad, el cierre de vías de expresión democráticas por parte del régimen madurista. Personas que rebuscan en la basura para poder comer y niños en edad escolar que cometen actos devastadores de violencia. La angustia y la impotencia de trabajar duramente y que el producto de ese gran esfuerzo no sea suficiente para siquiera sobrevivir. La emigración de muchos jóvenes al exterior, desesperanzados y escépticos frente a la imposibilidad de cumplir sus aspiraciones a futuro en su propio país.

Estas son algunas de las realidades que representan a Venezuela para muchos. A menudo escuchamos a personas que, abrumadas ante esto, expresan que esta no es la Venezuela “de verdad”, la Venezuela “real”. También es común escuchar a nuestros mayores hablar con nostalgia del pasado, añorando el país en el que podían salir a todas horas sin miedo a ser robados o temer por sus vidas, en la que existía cordialidad y empatía entre los vecinos y se podía “compartir” en espacios comunes y encuentros públicos. De forma similar los jóvenes manejan estos referentes de sus padres y abuelos contrastándolos con la situación actual que experimentan. Se produce una gran frustración y tristeza ante lo no vivido, y el descontento de sufrir circunstancias adversas, muy diferentes en relación con las que parecían existir en el pasado.

La visión del régimen madurista también es el de una Venezuela diferente. A veces el de una superpotencia en la que las condiciones de vida son ideales y los graves problemas y las expresiones de la crisis no son producto de fallos y faltas en el modelo de poder, sino engaños malintencionados de enemigos externos e internos que adversan al gobierno y a la nación. También es una visión de pugna y conflicto: estamos divididos entre traidores y patriotas, somos un territorio en guerra entre facciones irreconciliables entre las que debe imperar el rencor, la desconfianza, la violencia y el resentimiento. Estamos condenados a librar una contienda en la que unos deben imponerse sobre otros por la fuerza y el sometimiento.

Sin duda alguna la crisis que atraviesa al país, con sus graves problemas y emergencias, nos ha afectado a todo nivel y ninguno de nosotros escapa de ella. Sus efectos se sienten desde los espacios de poder del Estado hasta el interior de nuestros propios hogares. Pero la crisis, por su misma dimensión y profundidad, también está generando entre nosotros una importante toma de conciencia. Enfrentados a situaciones que cuestionan nuestros valores, aspiraciones, maneras de ser y de relacionarnos, nos vemos no solo forzados a una profunda reflexión sobre nosotros y lo que nos rodea, sino también, a pesar del miedo o la inseguridad, a tomar una decisión al respecto y actuar.

Creemos que estas decisiones tienen consecuencias directas en la transformación de la realidad. Es importante tomarlas apelando a lo mejor de nosotros mismos y no respondiendo a condicionamientos negativos, prejuicios, los miedos y la rabia. El momento actual de Venezuela es de transformación, de reformulación de los aspectos básicos que, como venezolanos, nos definen y representan.

Sería un acto de soberbia de nuestra parte pretender establecer cuál es la Venezuela verdadera. Pero nuestra experiencia y vivencias a lo largo de los últimos cuatro años, en nuestro trabajo por una convivencia real en distintos barrios y urbanizaciones del municipio Libertador nos han brindado incontables oportunidades de visualizar una Venezuela posible. Creemos que hay una Venezuela que frente al hambre y la violencia responde, en contra de tremendas dificultades, con solidaridad y apoyo. Que busca reconocerse en sus diferencias por medio del respeto y la tolerancia, haciendo frente a la desconfianza y al desconocimiento. Una Venezuela que quiere defender su derecho de expresarse libremente y de forma democrática frente a un régimen dictatorial y represivo.

¿Cuál es la verdadera Venezuela? La respuesta se está construyendo entre todos, y debemos asumir la responsabilidad sobre las decisiones que estamos tomando para materializarla.