El 2017 ha sido un año marcado por la imposición del modelo destructivo, empobrecedor y violento del régimen de Nicolás Maduro. Está imposición se lleva a cabo a través de diferentes medios: una brutal represión, como la vivida durante las protestas ocurridas entre abril y agosto en todo el país o en la aplicación de operativos violadores de los derechos humanos de las OLP. Una política económica hiperinflacionaria, distorsionada e improductiva, que deteriora significativamente las condiciones de vida de la colectividad, buscando volverla cada vez más dependiente del Estado. Y el secuestro de vías democráticas con la construcción de un sistema electoral fraudulento, con instituciones públicas al servicio del poder y la utilización de los CLAPs y el carnet de la patria como herramientas de control, coerción y manipulación de amplios sectores de la sociedad.

Pero el 2017 ha sido también un año de enorme reflexión para el país acerca de las formas de participación e involucramiento en la búsqueda de respuestas ante la crisis. La gente, desde sus necesidades y exigencias, se ha convertido en un sujeto político que ha demandado un protagonismo no solo en lo participativo, en manifestaciones y eventos electorales, sino en lo propositivo, con nuevas formas de organización y la puesta en práctica proyectos que den alivio a la emergencia nacional.

Desde el inicio de mi actividad social y política, en el trabajo en Primero Justicia y el Movimiento Mi Convive, he venido reconociendo y promoviendo esta visión “desde, con y para la gente”. Este año esa visión se ha visibilizado en distintas expresiones y ha significado un logro de las personas que es necesario reconocer en su justa magnitud e importancia.

Este nuevo sujeto político se ha visto reflejado en las protestas iniciadas en abril, que lograron mostrar al mundo la verdadera naturaleza dictatorial y totalitaria del régimen, evidenciando la crisis humanitaria venezolana. También en los liderazgos emergentes jóvenes que hemos apostado por la gente con coraje y compromiso, sufriendo hostigamiento, persecución, encarcelamiento o exilio, como en los casos de Gilbert Caro, David Smolansky o Freddy Guevara. Tanto como respuesta a la crisis generada y aprovechada por el régimen, como continuidad de un proceso de empoderamiento local y de ejercicio de la subsidiaridad que viene gestándose en los últimos años, este nuevo sujeto también se ha materializado en diversas organizaciones y agrupaciones civiles. En mi experiencia en el Movimiento Mi Convive y Alimenta La Solidaridad he podido ver cómo los proyectos abordados a partir de este paradigma han ganado enorme fuerza y generado referentes válidos, con capacidad de ser reproducidos en diversos ámbitos y adaptarse a diversas necesidades, articulando a las personas entre sí y con el resto de los actores sociales.

Con Alimenta la Solidaridad hemos crecido en este último año hasta llegar a atender a casi un millar de niños. Logramos una mayor participación en las comunidades, así como aumentar el número de colaboradores -entes sociales y privados, voluntariado y benefactores- que nos ha permitido ampliar el programa dentro y fuera del Municipio Libertador. Figuras como Tatiana Montiel en Puerto La Cruz, José Manuel Olivares en Vargas, los concejales Andrés Chola y Ángel Alvarado en Petare, y Juan Andrés Mejías en Baruta, Henrique Capriles y su equipo en Las Minas, han implementado Alimenta la Solidaridad en sus comunidades. De igual forma, nuestro reconocimiento de la necesidad de abordar los problemas con la participación activa de las personas ha producido proyectos como el Monitor de Víctimas, en el que hemos buscado informar y generar bases de datos fiables y objetivas sobre la terrible realidad de la violencia criminal y del Estado. Para ello articulamos comunidades y líderes locales, con medios y organizaciones como Runrunes, Efecto Cocuyo, Crónica Uno, El Pitazo, El Universal y el Cooperante.

Este ha sido un año de enormes dificultades y tragedias, con el país colapsando a todo nivel debido al modelo impuesto por un régimen dictatorial y destructivo. Pero también ha sido un año en el que hemos vivido, en la calle, junto con la gente, formas de participación e involucramiento, de organización y encuentro, que deben ser reconocidas y visibilizadas. Con ellas hemos enfrentado los embates de la crisis y mostrado una vía posible de cambio y transformación. Representan la verdadera esperanza de que podemos superar los difíciles tiempos por venir.

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