Desde las 6 de la mañana del domingo recorro el Municipio Libertador apoyando a vecinos y líderes locales de distintas comunidades. De La Vega a la Pastora, de Montalbán a El Cementerio, de Catia al Valle. Ya desde esa hora pueden verse filas de personas en los puntos soberanos que irán ampliándose y multiplicándose en el transcurso de la jornada. Cientos de personas, de diferentes sectores, dando una respuesta multitudinaria de dignidad y democracia. Solo en El Cementerio, a la una de la tarde, ya habían participado más de 12.300 personas.

La solución está en la gente. En los momentos más duros apelan a lo mejor de sí mismos y consigue los logros más impresionantes. Si esto lo hemos vivido en el trabajo con organizaciones y líderes sociales del Municipio, el domingo 16 se nos reitera una y otra vez durante todo el día. Las madres de Alimenta la Solidaridad preparan comidas para los voluntarios de los puntos soberanos en Las Mayas, La Isla, Carapita, Antímano, el Cardón, Cota 905 y Mecedores. Se organizan transportes entre vecinos y autobuseros para llevar a las personas a participar, de manera espontánea. Tengo la oportunidad de acompañar a varios grupos a los centros de la consulta, las personas en la calle entusiasmadas al expresarse, y cuando digo la consigna “¿Quiénes somos?” una señora me contesta: “¿En vez de decir Venezuela porque no mejor decimos Carapita”? Me río y reconozco nuevamente cual es la verdadera fuerza de este país, su capital más importante: su gente.

Vivir la participación y el compromiso de todos, escuchar los testimonios entusiastas antes de votar, acompañar a las personas por calles, en carritos por puesto y busetas, es una fuente de gran orgullo y enorme esperanza. Es cierto que enfrentamos grandes problemas, que la crisis es muy dura y el régimen represor encabezado por Nicolás Maduro busca oprimir al país, pero la respuesta masiva de la gente este día, la participación desbordada de las comunidades, son signos incuestionables de nuestra capacidad de organización, nuestra voluntad democrática, nuestro compromiso a evitar a toda costa la violencia y la confrontación para sentar las base de un futuro de bienestar.

En ese sentido el bloqueo informativo del gobierno y la estrategia de organizar simulacros electorales de la constituyente el mismo día, acaba evidenciando tanto el rechazo al modelo actual del gobierno, a sus representantes e instituciones secuestradas, como la pérdida de apoyo de los sectores populares del país. Se vieron centros de votación desiertos y de manera patética, en los medios controlados por el Estado, se usaron imágenes de archivo para documentar una convocatoria multitudinaria inexistente. Lamentablemente, también la jornada de ayer muestra ya la política única de violencia, hostigamiento y terror que el régimen emplea para sostenerse.

Las infames palabras de Nicolás Maduro “lo que no logremos con los votos lo haremos con las armas” se materializan en el acto terrorista llevado a cabo por grupos paramilitares al final de la mañana en la avenida Sucre de Catia. Frente a funcionarios de la GN y PNB, motorizados armados disparan contra las personas reunidas en un punto de consulta en la Iglesia del Carmen. Asesinan a la enfermera Xiomara Scott y dejan heridas a tres personas.

Esta acción criminal para amedrentar a toda una comunidad e imponer el silencio, tiene una respuesta igualmente contundente por parte de las mismas personas. En las horas siguientes Catia acude en masa al sitio, una impresionante concentración de gente alrededor de la iglesia, manteniéndose en el lugar y velando para que continúe la consulta hasta después de las 7 de la noche. Una comunidad haciéndole frente a las armas con su presencia, defendiendo en conjunto su voz. De nuevo y en medio del dolor, una muestra de lo que verdaderamente es Venezuela, que transforma la muerte, el miedo, la rabia y el hostigamiento en valor, empeño, coraje y solidaridad.

La participación este 16 de julio de millones de venezolanos, dentro y fuera del país, reitera un mensaje que está en la calle desde hace rato. Un mensaje que no viene de sectores de poder, ni se apoya en armas ni amenazas: no a la constituyente, sí a la democracia.

La gente ha expresado su decisión soberana de no reconocer la dictadura. Hace un llamado a los sectores disidentes y descontentos dentro del gobierno a reconocer esta realidad y sumarse en un esfuerzo conjunto con el país para recuperar la convivencia y la paz. Y afirman, como en Catia, que a pesar del dolor y la pena, las armas no van a impedir que el pueblo logre su convicción de vivir en respeto y libertad.