Las sentencias del TSJ anulando a la Asamblea Nacional y revocando la inmunidad parlamentaria han sido el chispazo que ha encendido un rechazo internacional unánime a las formas autoritarias del régimen madurista. De cara al país, ha desnudado por completo su carácter dictatorial.

Pero las marchas de protesta multitudinarias que se han venido sucediendo desde entonces, responden en gran medida al hartazgo de la población frente a las políticas de hambre, violencia y empobrecimiento que viene implantando el régimen y cuyos efectos son ya insoportables para todos los venezolanos.

¿Por qué está saliendo a marchar la gente? Más allá de la exigencia en restablecer el orden constitucional y recuperar derechos democráticos, se está marchando en rebeldía contra un régimen que ha violentado, de forma constante y brutal, aspectos fundamentales de la vida de los venezolanos. Un régimen que busca, ya de manera frontal y descarada, someternos por la fuerza a todos, tanto en lo físico como en lo espiritual.

La calle está en rebeldía contra un modelo económico irresponsable y corrupto, en el que el dinero logrado con el enorme esfuerzo de nuestro trabajo no cubre las necesidades mínimas de sobrevivencia. Contra la crisis alimentaria que reproduce el hambre en filas interminables, bolsas de comida insuficiente recibidas a través de la humillación y el servilismo obligado, y la imagen cada vez más común de venezolanos rebuscando su sustento en la basura. La calle está en rebeldía porque no soporta más muertes a causa de la criminalidad desbocada, la impunidad total y las iniciativas del anti-estado madurista como la OLP, que convierten a las fuerzas del orden en cuerpos de asalto contra la población. La calle se rebela porque las instituciones públicas, que deberían ayudarla y representarla, la ignoran y la avasallan, conspirando, en muchos casos, activamente en su contra.

El régimen madurista ha pasado ya del discurso violento y la intimidación, a una política de represión y agresiones, violenta y criminal. Sus voceros más promitentes dictan a grupos armados ilegales, a través de medios públicos, líneas de ataque fratricidas. Los organismos del Estado han sido coaptados y los cuerpos de seguridad actúan como unos terroristas.

La dictadura ha abierto fuego contra una clínica, estando a punto de asfixiar a un bebé recién nacido. Ha lanzado bombas lacrimógenas desde un helicóptero y entrado ilegalmente en universidades, cayéndoles a perdigonazos a estudiantes que manifestaban de forma pacífica. Ha asesinado con disparos y gas, a dos muchachos y a una señora, que salieron a manifestar su descontento “armados” con pancartas y consignas. La dictadura ha establecido una censura de medios en la que se cierran emisoras de radio y ya se está buscando normativizar la coerción y el bloqueo de los espacios digitales. La dictadura ha decidido mantenerse en el poder declarándole una guerra sucia a los venezolanos.

La represión en las manifestaciones ha encontrado una resistencia inédita. Se está produciendo una ola de rechazo y rebeldía de enormes consecuencias a partir de la negativa de las personas a seguir soportando humillaciones, carencias y desmanes desde el poder, y el reconocimiento general de que el régimen pretende despojar a los venezolanos de sus derechos más básicos a cambio de profundizar el hambre, la muerte y la ruina. Hay una toma de conciencia de aspectos fundamentales de lo que somos y queremos, de valores democráticos, convivenciales y solidarios, que nada tienen que ver con un régimen que personifica la violencia, el terror y la muerte.

Recuperar y reconstruir estos aspectos fundamentales que apelan a lo mejor de nosotros es a lo que aspiramos los venezolanos. Y para defender y preservar esa aspiración, es por lo que la calle se rebela contra el régimen.